"Entonces escuché la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré. Y quién irá por Nosotros? Y yo respondí: Heme aquí, envíame a mí. Y dijo: Ve y di a este pueblo Isaías 6:8-9
¿Quién nos manda a ir?
Tal vez la primera reacción que tenemos cuando se nos manda hacer algo es Preguntamos: ¿quién es el que nos ordena o manda hacer tal o cual cosa? ¿Qué Autoridad tiene para hacerlo? ¿Qué derecho tiene a mandamos? Si el mandato es a predicar el evangelio, que es lo único que puede salvar al ser Humano, y puesto que el único que puede salvar al hombre es Dios, indudablemente este mandamiento debe provenir de Dios mismo. En el encuentro que el profeta Isaías tuvo con el Señor, él afirma que escucho la voz divina que decía no sólo: ¿a quién enviaré? (singular) sino también: ¿Quién ira por nosotros? (plural). De lo cual podemos deducir que era la Trinidad quien estaba considerando mandar a alguien, y no bien el profeta se ofreció, recibió inmediatamente la orden: Ve Y di a este pueblo...
Como vemos, la simple lectura de la Biblia nos muestra que este mandato de ir, tiene como respaldo nada menos que la autoridad del Dios Trino. ¿Podrá haber en todo el universo una autoridad superior, un apoyo más amplio y un poder mayor que el que tiene la Trinidad? Aunque ocasionalmente el imperativo de irnos puede llegar por medio de un mensajero, un escrito, un ser necesitado, etc., por encima y por detrás del mismo está la suprema autoridad del cielo y de la tierra: la autoridad de nuestro Trino Dios.
Hagamos una pequeña Oración : Dios eterno, reconozco que este mandato procede de ti, por lo tanto pon en mí un santo temor y un profundo agradecimiento por tal honra y distinción.
¿Cómo debemos ir?
Dispuestos a servir “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos." Marcos 10:45
Jacobo y Juan soñaban con la idea de sentarse a la derecha y a la izquierda de Jesús. En su reino. Los otros discípulos. Se enojaron contra ellos. Probablemente porque deseaban lo mismo y pensaban qué lo merecían. Jesús aprovechó la oportunidad para enseñarles que en la escala de valores de su reino, el Mayor es el que sirve a los demás. Inmediatamente les refirió una de las razones por las cuales vino a este mundo: No he venido para ser servido, sino para servir, mostrándoles indirectamente cuál era el camino que ellos debían tomar. Todos nosotros, por naturaleza, tenemos la tendencia de esperar o exigir que los Demás nos sirvan a nosotros. Pero no será así entre vosotros, dijo Jesús. Negarse a Si mismo, y tomar la cruz, única manera de seguir a Jesús, es la fórmula segura para Libertarnos de esa tendencia egocéntrica y fomentar la disposición de servir a los demás incluso dando nuestra vida, tal vez no siempre en un acto que nos cueste la Muerte, pero sí en pequeñas cuotas día por día ministrando a nuestros prójimos.
Ir en otro espíritu que no sea éste sería una manera de fracasar desde el comienzo. Ir, como Jesús, para servir a los demás, será la garantía de contar con su presencia.











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